Lo artificial tiene una gran ventaja en la sociedad: los límites morales son tan difíciles de distinguir como los límites de la imaginación. En la ficción se puede decir, ser, hacer lo que realmente se quiere, mientras que ya en la práctica existen un sinnúmero de limitantes para que uno como persona se explaye. Ejemplos están en las formas de arte por doquier; ha de ser por eso que a veces vemos en la música, en las películas o la literatura una especie de vida y discurso platónicos. La licencia que tiene el arte se conserva aún amplia entre las paredes de los museos, las páginas de los libros y sobre los escenarios.
Nacido en el DF, Yoshua Okón trabaja sobretodo el videoarte. Cuando vi su trabajo por primera vez pensé en que sólo se dedicaba a documentar ironías y sátiras a través de los clichés de la sociedad. Luego de ver esta entrevista en VICE entendí un poco más sus intenciones: jugar entre la delgada línea de la ficción y lo real, de lo permitido para la sociedad y lo permitido para una cámara de video. Lo que un ciudadano en cuanto ciudadano muestra ante los ojos de los demás, es diferente a lo que muestra en cuanto a que es actor en un “proyecto artístico”. Por eso basta con proponerle actuar frente a cámaras a un transeúnte para hacer un experimento cuasi-social (como él le llama a su trabajo).
Sobre sus primeros trabajos: una serie de videos con policías a quienes se les pidió que actuaran libremente frente a las cámaras son un claro ejemplo del propósito del artista: detrás de cámaras se permiten lo que normalmente en su oficio no, pues tienen el pretexto de estar actuando. Por ejemplo, aquél donde sale uno bailando, otro haciendo un stripptease hasta tocarse sus genitales, discusiones y peleas no tienen remordimiento ante la moral. Al fin y al cabo, ¿no será el arte un juego a comparación de la seriedad de la política y la sociedad civil? ¿O serán estos juegos una proyección del pensamiento social? La obra que ejemplifica la legitimidad que tiene el arte es “A propósito” en la que se roban un estéreo de un carro mientras está siendo grabado. El museo lo proyectó junto con un montón de estéreos robados (pues así era la obra) y se expuso como tal. ¿De qué privilegios goza el artista, entonces?
Así el arte deja su lado bello para dar paso a los factores sociales, políticos y humorísticos del arte, sin postura o propuesta más allá de la reflexividad y la diversión. El artista, junto con Miguel Calderón, fundó La Panadería en 1994 como “Herramienta para desarrollar el arte. Espacio físico donde se exponía la conciencia del entorno cultural y político de los artistas”. Desde entonces es más evidente el debate sobre la legitimación de la comunicación artística.
Fotografías y fuente: Yoshua Okón
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