El que busca transgredir su cuerpo por mera vanidad u obtención de seguridad personal, sea con cirugías, pastillas, crema, maquillaje o ejercicio, es el objeto de estudio para algunos artistas que dramatizan la relevancia de la belleza en el pensamiento de la sociedad. Indudablemente, los cánones de lo que es ‘estético’ o ‘antiestético’ permean gran parte de nuestra perspectiva. Y el arte, valga decirlo, carga con un peso que se le ha impuesto a partir de la opinión más común: Arte=Bello. El arte representa belleza, la belleza es sinónimo de lo que está bien y todo mundo quiere estar bien. Leigh Bowery, Orlan y Héctor Falcón son tres artistas que lo único que tienen en común es que todos han tratado de alcanzar su ideal de belleza, los tres cuestionan la idea de lo que es bello como algo estático, y utilizaron su propio cuerpo como lienzo para dar a conocer su obra.
En orden de aparición, Leigh Bowery fue un artista originario de Australia que realizaba performances. Éstos lo llevaron a ser una de las figuras más importantes de la moda en las décadas de los 80′s y 90′s. Modificaba su cuerpo con lo que podía, se amarraba con cuerdas y cinta su corpulencia hasta obtener la figura de una mujer bastante extravagante. Se le considera todo un icono por revolucionar contra el convencionalismo en la apariencia personal y en el diseño de ropa. Hoy lo rescato para ponderar entre su crítica a la sociedad y el medio por el cual da a conocer su mensaje: mostrarse como algo grotesco para ridiculizar los conceptos que se tienen de belleza.
Luego sigue Orlan, una mujer francesa que hasta la fecha causa tanta polémica como éxito en los museos del mundo (de hecho, en estos momentos debe tener cerca de cinco exposiciones programadas para el 2013 y diez para el 2012). Habla de utilizar los materiales en función a la idea, pues a veces la idea requerirá de una instalación, de un performance, escultura, una pintura, etcétera. Su persona también es uno de los medios para ejecutar la idea: transgredir el cuerpo por amor al arte. En sus performances se ha expuesto al dolor de la cirugía, mientras lee sus textos e ilustra con su propia sangre. “Mucha gente piensa que soy un monstruo y no cogerían conmigo, pero después pueden cambiar de parecer. Se trata de aceptar las diferencias” Dice Orlan. Al fin y al cabo, Orlan no ha hecho algo que otras figuras públicas no hayan hecho, simplemente sus resultados no entran en lo que comúnmente es agradable a la vista.
El más contemporáneo es el mexicano Héctor Falcón. No hace más de un mes se sometió a su última cirugía con el mismo propósito de poner en duda los cánones establecidos. Ha usado esteroides y se ha ejercitado notablemente para ser un superhombre, sugiriendo una masculinidad plástica. ¿Es esto una forma de expresión? ¿Es arte?
La idea de belleza es tan vulnerable a la cultura que en sí no tiene límites, y estos tres bien lo ejemplifican con su cuerpo. Al menos en Orlan y en Falcón, uno de sus objetivos es también la dramatización del impulso que se tiene por conseguir cierta imagen que responde al ideal de belleza mediática, sólo que estos artistas buscan lo contrario a la opinión común. ¿Locura o arte? “Ya todo es arte, cualquier cosa con una justificación asombra al público” podríamos pensar. Es cierto que mucho de lo que está en nuestra cabeza son lugares comunes: lo que concebimos como feo o agraciado no difiere mucho de persona a persona en nuestra cultura occidental, pero ¿hay necesidad de transformar su cuerpo de tal manera y exhibirlo? Así es como algunos artistas invitan a la reflexión sobre la estética.
Fotos: Orlan | Leight Bowery
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