Obstruir, destruir, ocultar

En nuestros tiempos de violencia, hay quienes hemos tenido la experiencia de la tensión cuando se alcanza a oír un enfrentamiento armado; la situación nos domina, actuamos huyéndole al peligro y tratando de preservar la existencia de estos nuestros cuerpos. Luego pasa que nos quedamos encerrados o escondidos en donde estemos hasta que se vuelve a escuchar la tranquilidad que nos permite seguir con nuestro quehacer. Una actividad que conforme se vuelve más común, uno sabe mejor cómo manejarla. Estos símbolos (el sonido de un balazo, las personas histéricas, los que están agachados y escondidos en algún rincón) ponen en evidencia cómo nos domina estar cerca de la muerte, y es uno de los temas que más le interesan a Enrique Jezik, argentino residente en México durante 20 años que hace un par de meses presentó “Obstruir, destruir, ocultar” en el MUAC (Museo Universitario de Arte Contemporáneo).

Entré a la primera sala de esta exposición teniendo frente a mí un conjunto de sillas eléctricas. Fue molesto porque he adoptado la espantosa costumbre de tocar las obras que no dicen “prohibido tocar/acercarse” y la reacción instantánea fue de no acercarme sin que ésta indicara cosa semejante. Luego supe que mi primer pensamiento había sido absurdo, ese que señalaba a tales objetos como peligrosos, pero conforme avancé a las otras salas supe que la ligera sensación de estar acorralado y limitado era parte del juego. Podíamos encontrar granadas y bombas en el suelo, un conjunto de televisores que sus pantallas proyectaban destrucciones, mi favorita: una salón donde escuchabas explosiones y tiroteos teniendo en frente un par de cajas de vidrio ya estrelladas, entre otras:

 

Jezik, a partir de las reacciones de quienes observan sus obras, explora la cuestión de las formas de control a partir del miedo que nos da poder sufrir y dejar la existencia. Igualmente le interesa cómo nos dejamos manejar por este miedo, cuánto de imaginación tiene nuestra psicosis y cuánto es real; valga decir, me parece muy adecuado que lo expongan hoy en día. El artista no da respuestas ni soluciones, no propone ni protesta, simplemente deja que el espectador experimente este conjunto de situaciones en un lugar en el que normalmente se está seguro, y creo que a partir de ahí pueden surgir reflexiones interesantes por ambas partes (artista y público). Comentarios hay de todo tipo sobre Jezik ¿Acaso es necesario ser tan explícito? ¿No será más bien el morbo uno de los elementos atractivos? Y, a partir de mi experiencia con la violencia nacional, una de mis preguntas favoritas: ¿es necesario ser parte de un evento violento, sea viéndolo o siendo víctima, para llegar a una reflexión/hacer conciencia?

Fotos: Enrique Jezik

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