Entre otras tantas cosas que podríamos aborrecer del arte contemporáneo, sobre todo en las artes plásticas, la que me viene peor es la de “comprender” la obra. Por “comprender” no quiero decir teorizarla, sino participar en ella de alguna manera, saber qué quería decirnos o provocarnos el artista, o mejor aún, establecer una comunicación. Basta intentar hablar de estos temas con cualquier individuo para saber lo poco relevante que es esta disciplina en nuestros días. ¿No es un poco triste la situación para nosotros que alguna vez hemos tenido esperanza en que el arte puede transformar a las personas, a la sociedad?
Y en efecto, expresión hay en todos lados en menor o mayor medida, pero el arte que vamos a encontrar en los museos supuestamente más importantes no es precisamente el representativo. Es inevitable que existan instituciones que filtren aquello que sí se expone y aquello que no se expone en un museo. Me surge una pregunta: ¿Qué pasa con artistas mexicanos que presumen su nacionalidad en el mundo y no se dan a entender en su país?
No sé si acusar al arte de elitista esté fuera de lugar, pero veo que existen paisanos reconocidos internacionalmente (Sobre Gabriel Orozco por ejemplo, dijo la dueña del arte moderno de parís en el centro Pompidou: “después de Marcel Duchamp no habíamos tenido un artista de tal calidad”) y nosotros, la mayoría de los mexicanos, sin conocerlo, sin entenderlo. Ni a Duchamp. Seguro la intención de Orozco no era hacer obras que representaran al pueblo mexicano en su mayoría, pero no dejo de tener la impresión de que así se está limitando la comunicación entre el artista y la sociedad de donde éste surgió.
En este sentido, recomiendo que se investigue sobre el trabajo de Teresa Margolles, proveniente de Culiacán, Sinaloa. Ella busca tener un impacto exponiendo sus trabajos en las calles. Trabajó un tiempo en SEMEFO, así que tuvo suficiente material y argumento para protestar contra la violencia en el país: pinturas hechas de sangre de las víctimas, joyería fabricada con los vidrios y restos en los suelos después de un enfrentamiento armado, narcomensajes expuestos en las paredes de los museos, cartas suicidas publicadas en la calle; con toda la intención de crear incomodidad en quien lo observe, y siempre exponiendo en lugares estratégicos, creo que es una buena manera de acercar y provocar a las personas con un verdadero mensaje.

Carta suicida expuesta en el Teatro Alameda en Guadalajara. Escrita por un homosexual y publicada ante una de las ciudades con mayor homofobia en México.
Sin imponer la afirmación de que un artista es mejor que otro, pues los estilos y las intenciones de cada uno difieren, la reflexión que propongo es: si se limita a cierto público el entendimiento a una obra de arte, se está evitando la comunicación entre el artista y su sociedad de origen. Al hacer obras más difíciles y rebuscadas, disminuye el interés por ir a un museo, pues probablemente vayamos a perder nuestro tiempo. El arte hoy es irrelevante, no incomoda ni trasciende. Incluso a mí que me interesa tanto el tema, he salido varias veces de una sala con esta sensación: ¿Y a esta sociedad por qué le interesaría ver esto? Por ejemplificar con Orozco ¿Por qué México querría conocer su obra?
Hay excelentes artistas que manejan lenguajes aptos para un gran número de personas, sin embargo están opacados por la mala idea que tenemos sobre el arte como algo inalcanzable intelectualmente, o simplemente sinsentido. Idea que, creo, se ha reforzado al vivir en un país de tantos contrastes pero con museos que proyectan el fruto de quienes tienen altos estudios en teoría del arte. Ojalá la sociedad mexicana en su mayoría (y no sólo un grupo de personas) tomaran más en serio este elemento, así como a la cultura misma. Que la cultura y las artes dejen de ser un conjunto de símbolos y lugares comunes, y sean verdadero sinónimo de identidad. ¿Qué dices?
Fotos: Moma | Discurso Visual
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Y donde queda la universalidad de las ideas? Porque acotar el concepto, la visión, el talento y, en una de esas, hasta las técnicas del artista? Es “la identidad” una justificación suficiente? Tendríamos que regresar a esquemas medievales y renacentistas, donde los patrones o instituciones como la Iglesia dictaban los “parámetros” de las obras que se producían. Mejor aumentemos la sensibilidad de nuestra población, tan pobre en percepción estética, hacia todo tipo de arte y que cada quien se sienta atraído por lo que le guste. Asi entonces, tal vez los artistas sientan ganas de gustarle a su gente.